“En nuestro barco navega el paciente. Remando con amigos se avanza mejor”

Teresa Herrero Iscar

Medico Foniatra y Psiquiatra jubilada.

ExJefe de sección de Foniatría y Logopedia del Hospital Vall d’Hebron.

Profesora en Máster de Foniatría.

Pertenece a la Comisión de docencia de la Sociedad de Rehabilitación Foniátrica (SOREFON).

 

1) ¿Por qué escogió la especialidad de Rehabilitación? 

En realidad, la Rehabilitación me escogió a mí. Algo de lo que estoy profundamente agradecida.

Hacia finales de los años 60 yo estaba acabando la carrera y trabajaba en un centro escolar para niños con problemas de comunicación: sordos, autistas, disfásicos, paralíticos cerebrales etc. Lo dirigía el Dr. Torres, Otorrrino, uno de los pioneros de la foniatría en España. También trabajaba en el instituto Guttman con afásicos y disártricos. Era época de pluriempleo y siempre me había gustado el lenguaje, de hecho, por eso también estaba estudiando filología.

Terminé la especialidad de psiquiatría y atendí durante cuatro años el dispensario de psiquiatría infantil. Entre una cosa y otra fui enamorándome del lenguaje y percibiendo que había muchos problemas de comunicación que eran desconocidos o infraatendidos.

Aquellos años la especialidad de Rehabilitación comenzaba a tener cabida en los hospitales públicos y los jefes de departamento tenían una visión holística de la misma. Iban más allá del marco de lo músculo esquelético e inauguraron secciones que atendían a todas aquellas situaciones en las que, por una secuela o por dificultades evolutivas, se afectaba la adaptación del paciente a la vida diaria y a su desarrollo global. No se pretendía “curar la enfermedad” ni devolver la “normalidad” sino minimizar sus consecuencias para la vida. Eso, entonces, era algo nuevo y diferenciaba claramente al médico rehabilitador de otros especialistas.

Así se crearon las Unidades que ahora conocéis, entre ellas la de Foniatría. Se buscaron profesionales que, procedentes de diversas especialidades (Otorrinos, Pediatras, Neurólogos o Rehabilitadores), hubieran destacado en la atención a los problemas del lenguaje y la comunicación. En España se crearon unidades de foniatría en los hospitales grandes y otras instituciones. Mi recuerdo cariñoso para todos aquellos pioneros, Dr. Perelló y el Dr. Torres de Gassó en Barcelona, Dr. López Táppero en Madrid, Dr. Gisbert Alós en Valencia…

El Dr. Torres, en 1972, me propuso optar a una plaza de residente de rehabilitación en el Hospital Vall d’Hebrón. La obtuve y no me arrepiento, muy al contrario. Mi residencia de cuatro años compartiendo sobre todo conocimientos en secuelas neurológicas con asistencia foniátrica acabó de modelar mi amueblamiento mental. Como rehabilitadoras seguro que esto os suena. Se resume fácilmente: Lo importante no es la forma, ni la norma, sino la función.  Después de haber flirteado con especialidades como neurología,  otorrino, pedagogía y la psiquiatra, al fin había encontrado mi lugar. La Rehabilitación. ¡Y en la Sanidad Pública! Para mí, un sueño.

 

2) Como médico foniatra, ¿Qué dificultades ha encontrado en el camino? ¿Cómo las ha superado? ¿Qué cambios ha vivido la foniatría durante su carrera profesional?

Como foniatra he encontrado principalmente las dificultades inherentes a haber sido como las meigas gallegas, que “no creen en ellas, pero existir, existen”.

Al no tener un marco legal, no había formación fácilmente asequible ni futuro laboral claro. Teníamos todas las condiciones que se requerían para ser considerada una especialidad reglada con formación MIR:

  • Poseía un corpus de conocimientos específicos que no se daban, juntos, en otras especialidades. La nuestra con un enfoque funcional incuestionable.
  • Tenía en la realidad asistencial, un buen número de profesionales que se dedicaban, desde hacía ya muchos años, a esa área.
  • Existía una clara demanda y necesidad social. En mi Unidad por ejemplo, desde su inicio hasta ahora, se han hecho unas 30.000 primeras visitas e innumerables sucesivas. Con lista de espera en algunos momentos de año y medio.

A pesar de haberlo intentado muchas veces, sobre todo desde SOMEF (Sociedad Médica Española de Foniatría) y desde SERMEF (Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física) por diversos motivos nunca lo conseguimos. Ni siquiera la Capacitación Específica, incluso habiéndonos puesto oficialmente de acuerdo los Otorrinos, los Rehabilitadores y los Foniatras, cosa que no parecía fácil.

Sin marco legal claro, sin formación específica y sin posibilidades laborales hemos estado muchas veces en riesgo de extinción.

El esfuerzo de los Foniatras en ejercicio durante estos años, el breve pero completo  Título Propio de la Universidad de Salamanca, los Cursos de Expertos de la Universidad de Sevilla, los cientos de cursos que hemos ofrecido, nuestra presencia como profesores en los grados universitarios de logopedia y, en mi caso concreto, mi interés expreso en que nuestra Unidad estuviera permanentemente abierta a todo el que quisiera venir a aprender y, de paso a enseñar, creo que han contribuido a  mantener el pequeño fuego foniátrico en la Sanidad.

Sobre todo, gracias a los pacientes que nos requerían y que confiaban en nosotros.

En otros sentidos no he tenido problemas por ser foniatra, al revés, me ha proporcionado muchas más satisfacciones que disgustos.  Y realmente, dentro del campo profesional, es donde he conseguido mis mejores amigos. Esa red es lo que nos ha ayudado en los momentos difíciles.

 

3) ¿Qué consejos daría a las mujeres que aspiran a seguir sus pasos?

Aunque somos mayoría las mujeres en este campo por diferentes motivos, unos tristes y otros estupendos, también hay excelentes profesionales, compañeros y alumnos que nos respetan, nos consultan y nos valoran. Todos somos necesarios, porque cada uno aporta un punto de vista diferente, todos útiles. Esta es mi opción feminista.

Ir unidos, no separados, pero eso sí, a la misma altura.

Dar consejos es poco útil. Pero sí tengo un deseo para ellas (y para los “ellos” que quieran): Deseo que se enamoren de su trabajo y de sus pacientes, que se formen bien y continuamente. Ahora que es más fácil, que sean competentes, que sean respetadas como profesionales y como personas, que peleen por conseguir romper barreras porque, no nos engañemos, a nosotras aún nos es muy difícil. Si este deseo no se cumple, mejor que abandonen porque el trabajo es gratificante pero duro.

En mis tiempos la mayoría de mis co-residentes y co-adjuntos podían estar trabajando hasta las diez de la noche, hacer investigación, viajar a congresos, escribir artículos y llegar a casa a mesa puesta. Algo han cambiado las cosas, pero estamos lejos de compartirlo todo. ¿Os suena hacer una reunión, hoy día online, con el niño en una mano gritando al lado y compartiendo la otra entre la papilla y el ratón? ¿A cuántos “ellos” les pasa esto? Hay mucho trabajo por delante.

 

4) Como mujer, médico ¿ha percibido el cambio en la sociedad, en sus compañeros, en los pacientes, en su trato hacia usted? ¿Alguna anécdota positiva/ negativa que pueda contarnos?

Una anécdota. Espero que ilustre los cambios en la percepción de nuestro trabajo. Conocí a las tres pacientes en los años 70. Tenían de 5 a 7 años. Inteligentes. Padecían una afasia por epilepsia adquirida con agnosia auditiva. Síndrome de Landau Kleffner, entonces poco conocido. Básicamente habían perdido la comprensión del lenguaje oral. Una de las situaciones más duras y con más repercusiones globales en un niño que he conocido. Las tres nos fueron derivadas como hipoacusias.

En dos de ellas, después de la devolución de nuestros diagnósticos aportando pruebas, razonamientos y la escasa bibliografía existente, los especialistas de origen, alguno de nuestro propio hospital, los desestimaron o incluso se mofaron “¿Quién dice que lo ha dicho? ¿Una foniatra? ¿Qué es un foniatra y qué sabe de esto? E introdujeron diversos tratamientos: farmacología, prótesis auditivas, psicoterapia que no obtuvieron resultados apreciables como luego vimos. Junto con el consejo de no volver “a esa doctora”, que siguieron obedientemente.

La tercera paciente, Sandra, contando yo ya con más experiencia, fue tratada por una logopeda del equipo.  Recuperó una comprensión oral básica, consiguió el apoyo de la lectura y la escritura que le fue suficiente para hacer formación profesional tutelada en diseño gráfico. Trabaja en ello y tiene un niño con quien se comunica bien.

Y aquí se produce la anécdota. Más de 35 años después las dos primeras, Ana y Sandra, llegaron a mi consulta a petición propia.

Ana estaba casada con un sordo oralizado que hacía muy buena lectura labial y era quien, hasta entonces, comprendía los mensajes orales pero que se estaba quedando ciego. Ahora se sentían perdidos. Se entendían entre ellos con mezcla oral y lenguaje de signos. Ahora estaban aprendiendo dactilología, pero ella “quería entender más”.

Sandra tenía importantes problemas de pareja por errores en la comunicación, acababa de tener un niño y también quería “entender más”.

Se pusieron en tratamiento con las logopedas de la unidad y, aunque era demasiado tarde, acordamos entre todas unos objetivos concretos funcionales. Fue un reto. Se consiguieron y ellas quedaron satisfechas. Fue una mezcla agridulce de tristeza y satisfacción. Me hará recordar siempre los nombres de las tres. En su momento la colaboración interprofesional no funcionó.

Y en ese sentido de colaboración sí voy a dar un consejo. Respetad y haceos respetar por todos los compañeros cercanos, otorrinos, logopedas, neurólogos, maestros, audiólogos, fisioterapeutas, alumnos, etc. Porque todos somos necesarios frente un tema tan complejo, tan importante y propio, aunque no exclusivo, del ser humano como es la comunicación. Remando con amigos se avanza mejor, todos vamos en el mismo barco y en nuestro barco navega alguien tan importante como nuestro paciente, que se merece lo mejor.

Estos casos demuestran que, de ser desconocidas o ninguneadas por especialistas, habíamos pasado en unos años a ser tenidas en cuenta. Es un indicador de que algo se ha movido en la percepción social de la foniatría y la logopedia

 

5) Dejamos hueco para cualquier mensaje que nos quiera transmitir. 

Aprovecho la ocasión para agradecer a toda esa generación de jóvenes rehabilitadoras/es con vocación de foniatras, el entusiasmo y las energías que están poniendo en su trabajo. Aunque solo fuera un poco, desearía haber colaborado como presidenta de una Filial, en buscar, poner en contacto y reunir a todos los rehabilitadores que se dedicaran, en todo o en parte, a nuestro tema y que estaban repartidos por España. La red se fue creando sola, la Filial de la Foniatría de la SERMEF resucitó y se convirtió en la SOREFON (Sociedad de Rehabilitación Foniátrica) y el tiempo libre que tuve para dedicarme a ello fue lo único bueno que me trajo la jubilación forzosa.

Agradezco a la Dra. Velasco, mi compañera inseparable durante todos estos años que cogiera mi relevo y al otro grupo impulsor, el andaluz, especialmente a la Dra. Laura García y la Dra. Paola Díaz Borrego su entrega a la causa.

Mi última, y enorme satisfacción, es ver que las dos sociedades SOMEF y SOREFON están hoy día trabajando juntas construyendo un ancho puente generacional. Les deseo la mejor y más rápida Capacitación Específica del mundo.

Los foniatras “antiguos” estamos contentísimos y siempre nos encontrareis dispuestos a ayudar en lo que podamos.